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“LA SANTÍSIMA TRINIDAD, NUESTRA VIDA Y ESPERANZA”
Ex. 34, 4b-6, 8-9; Sal. 8; 2 Co. 13, 11-13; Jn. 3, 16-18
Homilía del Pbro.
Heriberto Cantoriano Jiménez
Para el 22 de Mayo del A. D. 2005


Jesucristo no sólo introdujo un nuevo tiempo y creó todo un nuevo sistema de adoración revelando a Dios en su persona, sino que también creó hombres nuevos. Nicodemo quien se movía en los círculos religiosos encumbrados, observó cuán original era esta presentación del Maestro y con cautela y diplomacia se propuso inquirir más. El bien conocido diálogo del cap. 3 de Juan expresa varias verdades fundamentales de la experiencia cristiana. Primeramente que el Reino de Dios es de naturaleza espiritual ante todo y que ningún ser humano puede disfrutar el poder y la vida del Reino sino entrando por la puerta estrecha del arrepentimiento.

En segundo lugar, que la vida religiosa no puede elevarse más que la fuente de donde procede: “lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es” (3, 6) Siendo el Reino de naturaleza espiritual, los ciudadanos deben participar de esa misma espiritualidad. Es imposible evolucionar de la carne al Espíritu; el nacimiento en el Espíritu es indispensable.

Nicodemo preguntó “¿cómo puede hacerse esto?” El Señor respondió con un nuevo y breve mensaje sobre el amor de Dios y la obra del Hijo. El amor de Dios es lo que hace posible esta vida (Jn. 3, 16) El Hijo a quien Dios dio, habría de ser levantado sobre una cruz para que todo el que mirara –como aquellos moribundos israelitas que volvían sus ojos a la serpiente de bronce y recobraban la vida- no perecieran, mas tuviera vida (Jn. 3, 14-15)

OREMOS:
Sin conocerte del todo Señor, sabemos que eres digno de recibir alabanza y nuestra acción de gracias por siempre. Tú eres más grande que nuestra experiencia y que nuestro corazón. Eres el Inabarcable, el Trascendente. Pero eres el único Dios, sostienes el mundo que creaste y estás en medio de tu pueblo. Llamaste a Abraham para hacerlo padre de los creyentes, revelaste tu nombre a Moisés para que el pueblo supiera que estabas con él. Tú has hablado por los profetas de todos los tiempos. Has manifestado tu voluntad de salvación y tu cercanía, sobre todo, en Jesús de Nazaret, tu Palabra viviente, a quien enviaste a la humanidad. Tú derramas el Espíritu Santo en nuestros corazones, el Espíritu anunciado por Jesús, en el cual podemos llamarte Padre. Eres un Dios triunitario. Sin haberte visto, te amamos, sin comprenderte, te adoramos y cantamos un himno a tu gloria. Eres desconcertante, Señor, nuestro Dios. ¿Qué significa tu nombre para los poderosos de este mundo? Te haces presente en la debilidad, nos hablas con palabras al alcance de todos. En tu justicia y santidad no te alejas de los pecadores; estás siempre dispuesto al perdón. Tú que eres el Dios triunitario del amor y de la paz. Concede tu paz y tu justicia a todos los pueblos. En Jesús, Amén.

1.- “EL SE HIZO REDENCIÓN” 1 Co. 1, 30
Cumpliendo el mandato recibido del Padre, Jesús se entregó libremente a la muerte en la cruz, meta del camino de su existencia. El portador de la libertad y del gozo del Reino de Dios quiso ser la víctima decisiva de la injusticia y del mal de este mundo.
El dolor de la creación es asumido por el Crucificado que ofrece su vida en sacrificio por todos: Sumo Sacerdote que puede compartir nuestras debilidades: Víctima Pascual que nos redime de nuestros pecados; Hijo obediente que encarna ante la justicia salvadora de su Padre y el clamor de liberación-redención de todos los hombres.

* La revelación divina sobre la cruz no se detuvo con el final del Evangelio histórico, tras la resurrección de Cristo, el Padre inspiró por su Espíritu a los escritores sagrados cuál había sido en su voluntad misteriosa el designio de la cruz, y por consiguiente como debía ser interpretada.

* Siendo tan grande este misterio, no puede volcarse en un solo vocablo o en una sola categoría humana. He aquí que por qué encontramos en el NT un rico panorama de interpretaciones de la cruz, cada una de las cuales ilumina un aspecto complementario de los otros.

* Ante todo hemos de interpretarla como un evento trinitario en que la obra del Padre y del Hijo se manifiesta en la relación: misión-obediencia.

* El aspecto de mediación: ya desde el AT Jehová había realizado su acción liberadora de Israel por el ministerio de mediadores a quienes Él había llamado libremente a este servicio. En el NT encontramos en Jesús el único Mediador definitivo ante el Padre.

* Pero tal función no se limita a la cruz: toda la vida de Cristo, tanto terrena como resucitada, es un constante servicio de mediación por nosotros ante el Padre.

La categoría de la salvación: la encontramos ya en el AT, pues Jehová es el salvador (de todos los males) de su pueblo. Jesús realiza durante su vida acciones salvíficas, tras su resurrección los discípulos saben que su Evangelio es la salvación que Jehová les ofrece en cumplimiento de la promesa; finalmente reconocen que Él es nuestra salvación.

La redención (liberación) también en el AT Jehová se había manifestado liberador de su pueblo, en múltiples acciones, “con mano fuerte y brazo extendido”. Jesús asume en el NT esta función de Jehová, y así es constituido por el Padre en nuestro Redentor y Liberador.

2.- LA ENTREGA DE JESUCRISTO
Jesús Dijo: “sabéis que dentro de dos días empieza la pascua, y el Hijo del Hombre va a ser entregado para ser crucificado” (Mt. 26, 2) Podemos distinguir aquí los niveles que hemos citado al principio de esta exposición.

* El amor del Padre por el mundo. “Tanto amó Dios al mundo, que le dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no se perezca” (Jn. 3, 16) No podemos menos de admitir la absoluta historicidad de la muerte de Jesús en la cruz. Es el dato más escandaloso de la vida pública, su terminación catastrófica, y que por lo mismo más estorbaría a la predicación Kerigmática de un Kyrios glorioso. Lucas en su texto encuadra la teología de la pasión dentro del marco de un plan salvífico. Es común a los evangelistas un cierto número de expresiones como didónai, paradidónai (dar, entregar) que lo indican. O bien el verbo ??? (era necesario). Así, por ejemplo, Jesús resucitado explica a los discípulos de Emaús: “¿No era necesario que el Cristo padeciese todo esto y entrase así a su gloria?” (Lc. 24, 26), y añade que les explicó las Escrituras, comenzando por Moisés. Igualmente antes de la ascensión: “Así está escrito que el Cristo padeciera y resucitara de entre los muertos al tercer día “ (Lc. 24, 46)

* La pasión está concebida y relatada en función del “cumplimiento” de las profecías, hay que leer e interpretar esta estampa e historia bíblica, no solamente como una serie de acontecimientos históricos que suceden unos después de otros, sino como un conjunto coherente de decisiones divinas que, a la luz de las profecías, toma sentido a pesar de todos los “sin” sentidos y en medio de las injusticias terrestres. El relato está dominado por el gran misterioso “era necesario” de Dios que transforma a los actores humanos de esa historia en instrumentos en las manos de Dios, sin descargarlas por ello de su responsabilidad y su culpabilidad en caso de algunos. Pero al mismo tiempo el relato quiere hacer resaltar que el terrible destino de Jesús no le sobrevino al azar: no se opone a su cualidad de mesías, sino que lo confirma; no contradice su dignidad sino que está conforme con ella.

* La Misión que encomienda al Hijo. Tal designio del Padre se traduce en una VOCACIÓN PARA JESÚS. No se trata de un destino cruel. No es que el Padre haya querido eternamente la cruz. San Pablo, considera que todo el universo fue hecho para el Hijo. Nuestra historia es una historia de pecado, Jesús se encarnó históricamente en tal situación, que el pecado del hombre habría de rechazar la Palabra de la alianza primera, en el paraíso, y la alianza del Sinaí. Con este antecedente, Dios el Padre, envió a su Hijo para recapitularlo todo, pero siendo a la vez redentor por su muerte.

* A los que vino Jesús no le recibieron, tal rechazo es ante todo caso absolutamente nuestro. De parte de Jesús sólo brilla la generosidad de su amor. Es precisamente la antítesis que establece Juan entre luz-tinieblas; venir-ser rechazado, aún mas el Padre no salvará a su Hijo de nuestras manos pecadoras (a las que lo ha entregado por amor leer: Mt. 26, 53; 27, 47-49)

3.- LA OBEDIENCIA DEL HIJO.
El motivo de dicha obediencia: el amor por los hermanos, con quienes se ha identificado y hecho solidario hasta la muerte. Por eso Jesús se entrega a sí mismo (Gál. 2, 20; Ef. 5, 2 y 25) y da su vida (Mt. 20, 28; Mc. 10, 45; Jn. 10, 11-18) Por eso la oración en el huerto, a pesar de la angustia profundamente real y humana, lo lleva a identificar su voluntad con la salvífica del Padre, por libre aceptación.

4.- COMENTARIOS FINALES.
Si el plan de Dios exigiese la muerte de Jesús sin causas históricas, en el fondo los actores humanos serían títeres, no responsables. Y en el extremo opuesto, si la muerte de Jesús obedeciese sólo a causas históricas, entonces no tendría significativo salvífico; porque Jesús habría muerto como cualquier otro líder que injustamente es asesinado por motivos sociopolíticos, aun cuando se le reconociese como el más excelente de entre los hombres.

Dios va más allá de toda necesidad y contingencia en su proyecto salvífico.

Como he dicho en escritos anteriores, es un verdadero privilegio partir el pan con ustedes y comer juntos. Hermanos y amigos, les recomiendo la lectura del Sermón 55 “SOBRE LA TRINIDAD”, del Rev. Juan Wesley, Tomo III, pp. 333-344

Albricias.